miércoles, 28 de marzo de 2018

PERSONAS QUE DOBLAN LA HISTORIA ▲ Muere Linda Brown, la niña que acabó con la segregación racial en los colegios de Estados Unidos | Internacional | EL PAÍS

Muere Linda Brown, la niña que acabó con la segregación racial en los colegios de Estados Unidos | Internacional | EL PAÍS

Muere Linda Brown, la niña que acabó con la segregación racial en los colegios de Estados Unidos

La mujer negra de Kansas, fallecida a los 75 años, propició un fallo histórico del Tribunal Supremo

Esta foto de 1954 muestra a Linda Brown en el colegio contra el que pleiteó por la segregación racial.

Esta foto de 1954 muestra a Linda Brown en el colegio contra el que pleiteó por la segregación racial. AP



Para llegar a su escuela en Topeka (Kansas), Linda Brown tenía que cruzar una vía de tren y luego tomar un autobús. Era un trayecto largo y desangelado para una niña, sobre todo cuando oscurecía. Así que su padre decidió algo que ahora parecería muy lógico: inscribirla en un colegio más cercano a su casa. En septiembre de 1950, cuando Brown cursaba tercero de primaria, fue con su padre a matricularse al Sumner Elementary School. Ocurrió, sin embargo, lo que anticipaban: la escuela le denegó la inscripción porque allí solo estudiaban niños blancos y Brown era negra.




Con su osadía, Brown, que murió el domingo en Topeka a los 75 años, se dio de bruces con el racismo institucionalreinante en buena parte de Estados Unidos. Pero esa niña también cambió la historia para bien: cuatro años después, el Tribunal Supremo acabó por unanimidad con la segregación racial en las escuelas en un caso conocido como Brown v. Board of Education.
Fue la primera de un sinfín de barreras raciales que cayeron en medio de las tumultuosas protestas por los derechos civiles. Diez años después, en 1964, el Congreso finiquitó la segregación legal de los negros, especialmente visible en el sur de EE UU. Aunque el racismo latente permaneciera, como tampoco ha desaparecido por completo ahora, por ley ya no podía haber zonas separadas para blancos y negros en lugares públicos, como autobuses, salas de cine u hoteles.
Que Brown se convirtiera en un apellido célebre en los libros de historia fue fruto del azar. La Asociación Nacional para el Avance de Personas de Color (NAACP, en sus siglas inglesas) alentó en 1950 a familias afroamericanas a tratar de inscribir a sus hijos en escuelas solo para blancos. Oliver Brown, el padre de Linda, fue uno de ellos. Todos los niños de 13 familias de distintos Estados fueron rechazados, lo que sirvió a la NAACP para presentar una demanda conjunta. Los apellidos de los demandantes se ordenaron alfabéticamente y Brown fue el primero de ellos, lo que dio nombre al caso.
El abogado que representó a las familias fue Thurgood Marshall, el reputado letrado de derechos civiles que más adelante se convirtió en el primer jurista negro del Tribunal Supremo. En su fallo en Brown v. Board of Education, la máxima autoridad judicial estadounidense acabó en 1954 con la doctrina de “segregados pero iguales” que regía en la educación pública desde 1896 al considerarla inconstitucional porque no ofrecía a los niños negros una protección igualitaria bajo la ley. “Separarlos a ellos de otros [niños] de la misma edad y calificación únicamente por su raza genera un sentimiento de inferioridad en cuanto a su posición en la comunidad que puede afectar a sus corazones y mentes de un modo improbable de revertir”, concluyó el Supremo.




Linda Brown, a la derecha, junto a sus dos hijos, en su casa de Topeka, el 30 de abril de 1974.
Linda Brown, a la derecha, junto a sus dos hijos, en su casa de Topeka, el 30 de abril de 1974. AP




Irónicamente, Brown no se benefició directamente de la sentencia porque al año siguiente entró en la escuela secundaria, que en Topeka no estaba segregada aunque sí lo estaban las actividades extraescolares. Pero, gracias a la decisión judicial, sus dos hermanas pequeñas ya no tuvieron que hacer el largo recorrido hasta el colegio exclusivo para afroamericanos.
Ese fallo, en cualquier caso, marcó la existencia de Brown, nacida en 1943 en Topeka, aunque en ocasiones admitió que, pese al “honor”, el peso de la historia también era un “engorro”. Se sabe muy poco de la vida personal de la mujer, que tuvo varios matrimonios y al menos una hija. Se desconoce la causa de su muerte, que fue confirmada por una funeraria.
Brown siempre se mantuvo ligada con la lucha por la igualdad real entre blancos y negros. En 1979, su familia fue una de las que impulsó la reapertura del caso judicial de 1954 alegando que se mantenían barreras a la integración laboral de afroamericanos en Topeka. Y en 1988 ella y su hermana Cheryl crearon una fundación dedicada a preservar los logros de la histórica decisión del Tribunal Supremo.
En ocasiones puntuales, Brown concedió entrevistas y apareció en actos públicos en que exploró cómo era su vida antes y después del fallo judicial. En un evento en 2004, ensalzó que el mérito es de su padre, que falleció en 1961, y consideró que el mayor impacto de la sentencia está en el aumento de trabajadores negros. “Realmente hizo una diferencia en sus aspiraciones y logros”, dijo ante estudiantes de la Universidad de Michigan. Brown también explicó que nunca se imaginó el impacto que tendría la demanda de 1950 y reveló que suscitó tensiones en el seno de la comunidad negra entre quienes consideraban que era un paso necesario en busca de justicia y los que temían que provocara pérdidas de empleo y violencia.
El barrio en el que se crió Brown era multirracial. “Jugaba con niños hispanos, blancos, indios, negros”, contó en una entrevista en 1985. La sentencia del Supremo, reflexionó, ha tenido “un impacto en todas las facetas de la vida de las minorías en todo el país”. “Lo pienso en términos de lo que ha hecho para nuestros jóvenes, en la eliminación de ese sentimiento de ciudadanía de segunda clase. Creo que ha hecho que los sueños, las esperanzas y las aspiraciones de nuestros jóvenes sean hoy mayores”, dijo.
En otra entrevista, en 1987, explicó cómo fue la mañana de septiembre de 1950, cuando le comunicaron que no podía matricularse en la escuela. “Podía sentir que algo estaba mal, él [su padre] salió, me cogió de la mano y anduvimos de vuelta a casa. Pude sentir la tensión que se transmitía de su mano a la mía”, describió Brown.
Las autoridades de Kansas que entonces le daban la espalda, la elogiaron tras su muerte 68 años después. “Su legado no solo está aquí sino en todo el país”, dijo el vicecomisario de Educación de Kansas, Dale Dennis. “La vida de Linda Brown nos recuerda que al alzarnos por nuestros principios y servir a nuestras comunidades podemos verdaderamente cambiar el mundo”, señaló el gobernador del Estado, Jeff Colyer.

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