domingo, 7 de noviembre de 2010

PANDORA


El dispensador dice: Pandora (en griego antiguo Πανδώρα), a pesar de haber sido revelada por primera vez por los griegos, es muy anterior a ellos, a su filosofía y a su conocimiento, tanto que proviene del origen de todos los tiempos, cuando éstos aún no corrían ni tampoco regían, cuando los espíritus no eran enviados a la Tierra y en ella no se respiraba... Pandora era custodio de las esencias de los sentidos de las existencias, mucho antes que la revelación las transformara acondicionando dicha posibilidad. Los sentidos de las existencias se conservaban en dos ánforas, una que contenía las esencias de la luz y otra que hacía lo propio con las de las tinieblas. En la primera de las ánforas se conservan las esencias del bien, representadas por los dones y sus talentos, como gracias destinadas a iluminar a las almas, de dichos dones dependen el compromiso y la convicción como rectores de la voluntad y el esfuerzo, cuyo motor es la confluencia de dos vectores, la esperanza y la paciencia. Allí mismo se guarda la ilusión y la humildad como fuente de la resignación apropiada para la vida, esto es aceptar el ciclo del nacimiento, el tránsito y la muerte en los lapsos donde el aire transforma la eternidad en finitud... En la segunda de las ánforas se guardan las esencias de la oscuridad, representadas por el conocimiento, la razón (su razón de ser, la temporalidad) y la duda, fuentes del amparo de las soberbias, las ventajas y las competencias, el poder y sus desprecios, la vanidad y el engreimiento. En la segunda ánfora se conserva la confusión, el error, el dolor, y la consciencia de los atajos (sendas donde no se marcan las huellas)... Mientras se producía la creación, en el preciso instante en que el verbo se transformaba en “diferencias”, Pandora osó asomarse al portal de las dimensiones de la curiosidad, sin atender su cercanía con la segunda de las ánforas, la de las tinieblas... siendo ésta golpeada sin intención, pero con la suficiente fuerza como para hacerle perder el equilibrio y volcarla hacia la ventana de los tiempos. Así es que su contenido se derrama sobre el aire acondicionado para las vidas por venir, cayendo sobre la Tierra y sus almas (que aún no eran, no habiendo iniciado sus ciclos), permitiendo que la niebla y las brumas se liberaran sobre los ojos de quienes serían engendrados, estableciendo la “duda” como eje de sus tiempos. Pandora no atina a detener la caída de los contenidos y la creación acepta la circunstancia, asegurando que el ánfora con las esencias de la luz permanezcan a salvo en el allá... por siempre, al pié del árbol de la vida, justo donde se escribe el libro de la vida que contiene los destinos de todos los seres humanos, los nacidos y los por nacer. Los de allá conservan la paz de lo sencillo... mientras que los de acá, quedan envueltos en los trabajos y sus días... que finalmente se convertirá en el título usado por Hesíodo para adaptar el relato filosófico ancestral a la teogonía posterior a los cataclismos de Lemuria y Atlántida, incluso mucho tiempo después del diluvio universal... Noviembre 07, 2010.-

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